lunes 19 de octubre de 2009
El Circo Romano
martes 29 de septiembre de 2009
La sentencia
sábado 12 de septiembre de 2009
Microrrelatos I
sábado 1 de agosto de 2009
Relatos Cortos I: Camisas impolutas
Me despedí de Neus con un par de besos fugaces. No quería perder a mi grupo de amigos, que luego se metían en cualquier local de estos que no tienen cobertura y no había forma de que me contestasen al móvil. Crucé el semáforo y vi a algunos de ellos que iban en dirección a Don Chupito. Sin problemas. Aflojé la marcha y antes de volver a cruzar, tres chavales de impolutas camisas blancas y flequillos imposibles me flanquearon el paso.
—Perdona, ¿sabes por dónde queda la Tasca Charlie?
<<Pobre Paco>> pensé, <<se le está llenando esto de pijos>>.
—Sí, claro. Mira —señalé la acera desde la que yo cruzaba—, sigues por ahí hasta el semáforo, y giras hacia la izquierd...
Un fuerte olor dulzón me asaltó y se me nubló la vista. Prácticamente no pude ni forcejear.
Me desperté en el suelo con una resaca de caballo y empapado. Frente a mí estaban los tres criajos que me habían parado, hablando. El de la derecha estaba cerrando el maletero de un Twingo oscuro; el del centro sostenía las dos manos al frente, sujetando algo que yo no alcanzaba a ver; el de la izquierda, más apartado que el resto, manipulaba los botones de una vídeo cámara casera.
Me pasé la mano por la camiseta y luego me la acerqué a la nariz. Lo que en principio pensaba que era orín, parecía ser gasolina u otro combustible. Me habían invitado a una fiesta de disfraces y habían reservado para mí el de "Antorcha Humana". <<¡Qué majos!>>
Intenté hacerme el inconsciente, para ir tomando consciencia de la situación. Mientras, ellos hablaban como si nada.
—¿Qué te has traído, bengalas de esas de los cumpleaños?
—¡Ja, ja! ¡Qué hijoputa!
—¡Hombre, ya que estamos lo hacemos bien! —accionó la rueda del mechero y encendió una de las bengalas que llevaba en la mano izquierda. La zarandeó en el aire, formando algunos dibujos en la noche— Feliz, feliz en tu día...
Se me ocurrían dos salidas: intentar huir o intentar pelear. Pero un tío de cien kilos como yo mucha velocidad no va a alcanzar, y menos con esa resaca de cloroformo. Además, la fuerza en mí brilla por su ausencia. En cualquier caso, yo estaba en jaque: en cualquier momento podían lanzarme la bengala y convertirme en prota de una secuencia muy cutre de Los 4 Fantásticos, sin efectos especiales. O bueno, tal vez hubiese una tercera salida...
Aproveché que estaban embobados con la magia Disney de la puta bengala. Cogí unas piedrecicas que tenía a mi lado, y las lancé contra las ventanas que quedaban justo detrás de aquellos subnormales. Aproveché esos segundos de distracción para incorporarme mientras me sacaba la camiseta y la extendía frente a mí. Esperé a que se diesen la vuelta.
Lo último que vio el del centro fue una camiseta volar hacia él. Eso, y un festival de luz y de color, con olor a pelillos quemados. Sus pelillos.
Me giré al de la cámara y le increpé:
—¡Pero grábalo, coño!
—¡Sí, sí!
Y se puso a filmar cómo su compañero se quedaba sin pestañas, <<el muy imbécil>>.
Junto a él estaba la lata de gasolina que me habían echado. La cogí del asa.
A continuación, le agarré la cámara y le solté un latazo en la coronilla. Ese tío iba para periodista del Aquí Hay Tomate, sabía recibir leña. Desistió al tercer latazo.
Sujeté la cámara, mientras sostenía la lata con la mano diestra, y les filmé las caras (por supuesto, con una eficacia de 2/3). Me acerqué al de la derecha, que aún dudaba entre salir por piernas o ayudar al de las bengalas.
—¡Tío, a este bidón aún le queda gasofa! —amenacé— Y creo que lleva tu nombre.
Ahí dudé. E hice bien en dudar. Si lo rociaba, le estaba condenando a no ayudar al quemado, o a quemarse él mismo intentando ayudarle. Ninguna de las dos me reportaba beneficio alguno. Pero en mi interior sabía que ese tío aún no había sido castigado como merecía, así que me dediqué a dejar sin cristales ese Twingo suyo recién matriculado.
Podía haberme ido de fiesta, empapado en gasolina y sin camiseta, con una cámara en una mano y una lata de Cepsa en la otra. Igual me hubiese convertido en un mito ilicitano, como la china de las rosas. Pero decidí llevarme la lata, limpiarla de sangre y huellas, y dejarla en una gasolinera que me venía de camino, para que no llamase la atención. Por el camino fui viendo lo que habían grabado sobre mí: cuando me quedé a hablar con Neus, cuando me arrastraban al callejón mientras estaba inconsciente, cuando lanzaba la camiseta, cuando rompía los cristales... En los vídeos más antiguos no encontré ninguna salvajada (algún trompo cuando estrenaban el coche, alguna pelea con sudamericanos... pero nada demasiado cruel). No me apetecía verme en un juicio con una familia que celebraba el cumpleaños del abuelo en yate, o el ascenso del padre con una cena de 200 comensales, y menos con su legión de abogados.
Volví a casa y me pasé todos los vídeos al ordenador. Si aquellos malcriados aún tenían ganas de camorra, ése sería mi seguro. Fue una pena, la verdad, era mi camiseta favorita.
sábado 27 de junio de 2009
La industria que agoniza
Ahora, con el avance digital, el abaratamiento y difusión de ordenadores personales y la posibilidad de editar música de calidad con software muy barato (a veces, hasta de licencia libre), la cantidad de nuevos artistas está en auge, y con lo fácil que es difundir una obra a través de Internet (ya sea P2P, Rapidshare, o lo que venga), han convertido éstas (las obras) en publicidad, mientras que son los conciertos los que han subido a la categoría de producto. Y ahora, es todo ese tinglado que hay detrás de los discos, y no de las obras, lo que agoniza.
Ahora quien decide si un artista vale la pena es el propio usuario, ya sea con un mail, un tweet o una recomendación por last.fm. Ya no son necesarias las radios para anunciar nada, porque el hecho de que no representen ni el 1% de la música que se genere ese mes, es simplemente nada.
viernes 26 de junio de 2009
Heridas de guerra
xDDD, así me quemé yo la pierna, una Nit de l'Albà, hace 3 años. Aunque con ciertas diferencias:
- Era una carretilla de las que no explotaba al final (que por cierto, las de trueno, aún las siguen tirando en Elche, a pesar de estar prohibidas hace años, y es el segundo de los motivos por los que no me apetece repetir).
- Fue algo fortuito: la carretilla iba a ras de suelo y al pegar a un bordillo rebotó hacia arriba, dándome en LA PUNTA, xD (no me libré de la hinchazón de la misma, ni del amoratamiento).
- Tardé varios segundos (interminables, xD) en ser consciente de la situación, agarrar aquello sin quemarme la mano y soltarlo en otra dirección (darle un manotazo al azar podía empeorar las cosas, e.g. mis huevos aún podían ponerse por en medio; no quise tentar mucho más a Murphy).
- Me hizo un boquete en el pantalón, y dos en la pierna derecha, el más profundo de los cuales (entre 2 y 3 cm de profundidad) tardó 6 semanas en generar costra, y alguna más en tener piel.
- Nadie lo grabó (una pena, porque hubiese sido un puntazo como tarjeta de presentación: "mire, señor, qué entereza, qué serenidad, qué huevos de quedarme mirando la jodía carretilla, sin precipitarme, ni ná"), pero me quedó una colección bastante gore de fotos de la recuperación de la pierna. Que no voy a mostrar aquí, por la salud de todos.
martes 16 de junio de 2009
Sociedades
En 2011 empezó a ponerse de moda la creación de sociedades gestoras de derechos de lo más variopintas: desde la SGABB (Sociedad General de Alcohólicos con Bailes Bochornosos, que cobraba a todo aquél que se atreviese a usar los vídeos más vergonzantes de sus socios) hasta la SGZZz (cuyas actas nunca se acababan del todo, y que pretendía compensar los pequeños hurtos que sufrían las personas con narcolepsia).
A finales de ese año, la SGT (S. G. de Timadores) demostró que todas esas sociedades estaban cobrando de más, que sus políticas de cobro eran abusivas e intrusivas, y que además, no hacían un reparto equitativo entre sus socios. El gobierno, lejos de derrocar todas las sociedades, decidió que era más fácil encumbrar a la SGT y concederles pleno derecho para cobrarle al resto de sociedades "esos picos que se han cobrao de mala manera", según su representante.
Por suspuesto, todos vieron incrementadas las tarifas de todas las sociedades, por si la SGT se cobraba de más, mientras ésta hacía el negocio del siglo.
PD: Y tú ve buscando la cartera, que en la S. G. de Autores de Blogs estamos hartos de no ver un duro euro por llenarte el lector de feeds con nuestra mierda.





